Entrevista "fútbolcultura"

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El fútbol que no miramos
"La literatura no puede estar ajena a una expresión artística de impacto popular y tendencia universal como el balompié"

En el ensayo que fue finalista del concurso literario organizado por el diario "Marca", el abogado y escritor argentino Sergio González Bueno eleva el fútbol al status de "arte en estado puro", rescata la dignidad de los aficionados a la pelota y consagra a los futbolistas como "épicos heroes mitológicos".

Dejó por un rato los Tribunales para dar rienda suelta a su verdadera vocación, la pluma. La apuesta le dio resultado, porque el ensayo "El fútbol que no miramos. La cultura de la pelota" fue finalista del VI certamen literario al mejor libro deportivo organizado por el Diario Marca en 2007, y de ahí a su publicación por la editorial madrileña Vision Libros, hubo sólo un paso. Descendiente de gallegos y vascos, Sergio González Bueno, que además se suma como colaborador deportivo de Argentinos.es, desentraña en esta entrevista si visión del deporte rey.
-Abogado de profesión, ¿escritor de pasión?
La abogacía fue un maquillaje de lujo que me brindó conocimientos legales y status social. Mi generación -clase 65-  convivió con la pesada mochila del mandato familiar, afín a las profesiones tradicionales como medida de todas las cosas para que a uno lo llamen Doctor o Ingeniero. Entonces, gambetear el mensaje cultural era un desafío mayúsculo; los pocos osados que lo intentaban eran calificados como rebeldes sin causa al servicio del club de la vagancia.

 

o bajo cero y con nieve, se adapta a calendarios extenuantes y a competiciones variadas y muy pocas veces goza de sus merecidas vacaciones. Y todo sin levantar la voz. Sólo un minoritario porcentaje disfruta -legítimamente, por cierto- de millonarios contratos en euros o en dólares. No obstante ello, en épocas de conflictos contractuales o salidas forzadas, la inescrupulosa dirigencia revela las cifras de sus emolumentos para que la opinión pública exprese su rechazo en las encuestas y tome posición. En el colmo de la hipocresía, le piden un gesto de grandeza a su ex jugador franquicia y lo invitan a renunciar a una parte de su contrato para destrabar una venta. ¿Por qué maquiavélica razón Roig acusó a Riquelme de pesetero y lo conminó a resignar dinero para acelerar su traspaso a Boca mientras él seguía percibiendo las elevadas regalías de su productiva empresa? Con el dinero de los demás todos somos generosos.
-¿Hay un océano de distancia entre el fútbol europeo y el sudamericano?

La escritura es más que una pasión; su aura eleva al ser humano, lo distingue y lo desnuda en cuerpo y alma. El autor -independientemente del género que trate- expone sus sentimientos sin disfraces ni poses; las letras ejercen de puente invaluable para obtener su dorada recompensa: la complicidad del lector. Sintetizando, soy un escritor vocacional, crítico y reflexivo.   


Desde la organización, no caben dudas. Europa cuenta con el plus de una economía estable -a pesar de la reciente crisis-, una moneda fuerte y una organización centenaria al servicio de la gente. Sudamérica es un mercado emergente, con carencias de base y finanzas en rojo. Por lo que el jugador del Río de la Plata anhela dar el salto al primer mundo de la pelota antes de cumplir la mayoría de edad.

-¿Por qué el fútbol como vía literaria?
Porque entiendo que el fútbol es arte en estado puro. Y la literatura no puede estar ajena a una expresión artística de impacto popular y tendencia universal. ¿O acaso el segundo gol de Diego a los ingleses no merece un cuadro de honor en el Museo del Prado? ¿Por qué injusta razón las hazañas de Di Stéfano en la Casa Blanca no son comparables con los lienzos de Goya, Monet o Velázquez? 
La aristocracia del poder desmerece al fútbol como fenómeno cultural y lo agravia por masivo e irracional, desoyendo las voces de los marginados por el sistema, quienes hacen de la misa dominguera una ceremonia de fe religiosa que los guíe hacia la procesión del triunfo. Ante semejante cuadro de exclusión -convenientemente omitido por la clase pensante-, muchos intelectuales se suben al púlpito de la sabiduría sin discrepancia y descalifican a la especie arbitrariamente, tildándola de vulgar. Mi pensamiento se ubica en las antípodas de esta corriente intolerante, seguidora a ultranza de la teoría del fútbol como sinónimo del opio de los pueblos. La cultura de la pelota enaltece y humaniza; aún reconociendo sus males, su espíritu competitivo atrapa y su magnetismo es la envidia de la dirigencia política en la era de la globalización. Propongo una audaz moción: que la carrera de letras incorpore como materia al fútbol. Las autoridades no se van a arrepentir. Y el ausentismo del alumnado quedará en un recuerdo estadístico lejano.
-¿Cómo surgió la posibilidad de editar el libro en España?
Básicamente porque participé en el VI certamen literario al mejor libro deportivo organizado por el Diario Marca en el año 2007. El Fútbol que no miramos -ópera prima de mi autoría- me abrió las puertas del mercado español y la editorial madrileña Vision Libros ejerció el rol de socia de responsabilidad ilimitada para hacer realidad mi sueño: publicar la obra en España. Hubo un valor añadido que potenció mi deseo; mis antepasados son gallegos y vascos. Por lo que considero a España como mi segundo hogar.

-Decís que mezclás visión crítica y elogiosa, ¿qué es lo mejor y lo peor de ese mundo futbolero?
Lo mejor del fútbol es la ilusión que despierta en la gente cuando comienza a rodar la pelota. La esperanza saca entrada ahuyentando a la postergación por algunas horas. El partido opera como desahogo y mágico remedio para curar el virus del desencanto. Lo peor está emparentado con la sociedad; su enfermedad paraliza. ¿Por qué misteriosa causa los padres le preguntan a sus hijos cómo salieron y no cómo jugaron? En la cultura del éxito sólo sirve ganar, so pena de ser calificado como traidor a la patria. Esta huella maligna asfixia y oprime. Es hora de combatir seriamente este perverso sistema que nos deshumaniza y todo lo contamina.
-¿Qué es lo que querés contar a través de este ensayo?
El ensayo intenta reflejar la dualidad existente entre el fútbol que no miramos y la cultura de la pelota. Por un lado, los oscuros negocios del entorno que ensucian a este noble deporte, contaminándolo. El fútbol que no pasa la TV, el que se juega en los hoteles cinco estrellas y en las lujosas oficinas, el de los escándalos y los negocios mal habidos. Por el otro, la sana pasión del hincha, que dignifica el juego y decora el paisaje tribunero con su incondicional aliento y sus originales canciones (sobre todo, en Sudamérica). Y como corolario, la carga emocional que genera un partido de fútbol en los espectadores. Acabo de descubrir una perla que rescata buena parte del sentido de mi obra. Sergio Batista, entrenador olímpico nacional y orgulloso portador del oro, a su arribo a Buenos Aires declaró en los medios que él prefiere diez Riquelmes a ochenta dobles cinco. O lo que es lo mismo: un caño a un grosero rechazo a la platea. Gracias Checho

-¿Los futbolistas son tan víctimas del sistema como los pintan?
El futbolista, salvo algunas excepciones, es una víctima del sistema y tiene una responsabilidad pasiva -por obligación- ante tanto autoritarismo disfrazado de acatamiento a las reglas. La FIFA inventa torneos cada cinco minutos con un indisimulable ánimo recaudatorio. El jugador se ve sometido a los humores de la dirigencia y la TV; expone su físico y su salud disputando encuentros con temperaturas elevadas -en horas del mediodía-
 

En el aspecto futbolístico tanto Argentina como Brasil compiten de igual a igual con las potencias del Viejo Continente. Por otra parte, no creo que la Liga española sea un torneo más competitivo que el argentino. Generalmente se alternan en la supremacía el Real Madrid y el Barcelona; en tierras criollas, salieron campeones Vélez, Newells, San Lorenzo, Estudiantes y Lanús, además de Boca y River, algo impensado en tierras ibéricas, dominadas en el último lustro por el bipartidismo blanco y azulgrana.     
-Y el hincha, ¿qué papel juega?
El hincha juega un papel protagónico; su presencia contagia y motiva al jugador, identificado por el estímulo del incesante coro que baja de la grada y lo empuja hacia la anhelada gloria. En épocas de malos resultados, la aparición de exabruptos y agresiones varias los vincula a conductas delictivas alejadas de su desinteresada misión de estimular a la tropa. Igualmente, quienes se tutean recurrentemente con el ilícito son grupos minoritarios o fuerzas de choque que responden al poder político de ocasión. No debemos mezclar el agua y el aceite. Estos sujetos nada tienen que ver con el verdadero gen del hincha. El de los bolsillos vacíos y el ingenio sin igual, el que hace del estoicismo su sello distintivo. El que todos admiramos y respetamos. Aquel que representó mejor que nadie el inolvidable Discépolo con su entrañable personaje de “El Ñato” en la película El Hincha.        
-Dedicás un capítulo a la psicología, ¿cómo influye en el fútbol?
La psicología es tan necesaria en el fútbol como en la vida. Las adicciones, tratadas a tiempo, pueden controlarse; la calidad de vida mejora y el paciente no vive el infierno del síndrome de la autodestrucción. ¿Por qué razón Ortega no tuvo asistencia psicológica desde su arribo a las inferiores de River? No sé si la figura de un analista hubiese evitado la aparición del alcoholismo en su vida, pero descuidar al ser humano y pensar sólo en los réditos del campeón resulta un gesto egoísta y altamente censurable. Tampoco ayudan a resolver las incipientes patologías de los futbolistas muchos limitados entrenadores -en complicidad con la desidia de los dirigentes que los contratan- que se vanaglorian de aplicar la psicología del vestuario. ¡Cuanta pereza intelectual! Desconocer su influencia tanto a nivel individual como grupal implica incurrir en la figura del abandono de persona. Existen casos puntuales, desde Maradona hasta Best y desde Garrincha hasta Gascoigne. Todos ellos afectados por el virus de la soledad de los triunfadores y una infancia con carencias. Las tentaciones de las mieles del éxito pudieron más. Nadie se ocupó de cuidar su salud; la absurda prepotencia de los responsables los empujó al abismo tan temido. ¿A quién le importa recuperar a un adicto? A un dirigente millonario seguro que no.     
-¿Podrías resumir lo que más te gusta o llama la atención del fútbol argentino y español haciendo una comparación entre ellos?
El fútbol argentino es un milagro inexplicable; afectado por una sangrienta exportación de talentos precoces y no tanto siempre renace y se reinventa a sí mismo. En el debe: muchos campos de juego están en pésimas condiciones, el calendario varía conforme los intereses de las altas esferas y la inseguridad aterra. En el haber: el torneo doméstico es muy competitivo y sumamente parejo. Los chicos crecen de golpe; antes de los veinte tienen más de cincuenta partidos profesionales en su foja de servicios. Por ello los recurrentes éxitos en las categorías juveniles y su púber explosión. El fútbol español tiene una infraestructura envidiable que lo coloca a la altura de los mejores del mundo. Admiro su previsión y la organización de su Liga. Los mejores solistas actúan en sus escenarios y la gente asiste al Bernabéu o al Camp Nou con la certeza de que regresan sanos y salvos a sus hogares. Lo que no es un dato menor. La Euro le va a venir bien a España si sabe leer el mensaje del éxito; menos furia y apuesta renovada por la generación de pies sensibles liderada por Cesc, Iniesta Torres y compañía. Concluyo levantando la copa en homenaje a Messi y Casillas, fieles exponentes de las raíces del tango y del flamenco y afinados intérpretes en el arte de honrar la cultura de la pelota.

Nota publicada en la revista Argentinos.es de Madrid (Nº 26), correspondiente al bimestre Septiembre/Octubre de 2008.
Periodista: Betiana Baglietto
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