Rijkaard, la liga y la plantilla

Tiene razón Rijkaard cuando afirma que la Liga no está sentenciada. Es una declaración de principios de un entrenador serio, comprometido, responsable. Sabe que es el momento de mantener la humildad, de exigir un plus de concentración a sus dirigidos, de jugar a por todas cada partido, de no relajarse.

La renta es amplía, pero el Barça apunta a la doble corona y sus perseguidores apuestan todas sus fichas para provocar un milagro. No tienen competición europea. Su única motivación es destronar al campeón. Y si bien los adversarios tienen limitaciones y sufren crisis institucionales y deportivas gravísimas -caso Madrid-, confiarse y poner el piloto automático es asumir un riesgo muy alto, El técnico holandés, consciente de ello, elabora su discurso sobre la base de que "aquí todavía no se ha ganado nada". Una estrategia muy inteligente, madurada desde lo racional, que define el perfil de un líder natural y silencioso como lo es Rijkaard. El karma de las lesiones musculares aqueja al Barca. A Messi -la joya cante rana- se le sumaron Márquez y Edmílson, dos pilares defensivos. Las afecciones son una lógica consecuencia por el desgaste físico y emocional de una plantilla que siempre juega de banca. Una plantilla acostumbrada a utilizar la camiseta de candidato sin que le pese. Una plantilla competitiva, pero sin el recambio necesario para reemplazar a los intocables como Puyol, Márquez, Xavi, Deco y Dínho. Por ello, entre tanto halago y reconocimiento bien ganado, equilibrar la plantilla es una cuenta pendiente de Laporta y su directiva.

Sergio A. González Bueno
22/03/2006

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