Marcelo "Loco" Bielsa… el rey de la cordura


Cuenta la leyenda que cuando Marcelo Alberto Bielsa les comunicó a sus padres la firme decisión de ser futbolista, las atronadoras voces de la objeción retumbaron en buena parte de su Rosario natal. Hijo del abogado Rafael Pedro Bielsa y de la docente Lidia Caldera, la graduación como hombre de leyes era el destino natural del joven e introvertido Marcelo. Para más inri "vocacional", el aprendiz de la pelota cargaba con la pesada cruz de ser nieto del reputado jurista argentino… ¡Rafael Bielsa! Gambeteando el guión del mandato familiar, el rebelde Marcelo cambió los libros de derecho por las inferiores de Newell’s. Entregado a la causa leprosa, el mancebo zaguero central recogió el premio mayor a su fidelidad: el 29 de febrero de 1976 -¡fecha imborrable en la memoria emotiva de Marcelo!-, Bielsa debutó en la Primera de Newell’s. La alcurnia de River Plate, Millonario rival de luces altas, sublimó el estreno del novel soñador. Fugaz, su recorrido profesional como futbolista de élite le regaló la bendición de un compañero y amigo incondicional: Jorge Valdano. Elaborado el duelo del retiro, Bielsa se animó a ejercer el duro oficio de entrenador. Antes, invirtió horas cátedra en formación académica y escribió la preciada enciclopedia de la suprema obsesión. Metódico, Bielsa coqueteó con la perfección y le juró amor eterno a la excelencia. Tanto que el precario futbolista mutó en un técnico brillante. Audaz, cultivó el sagrado dogma del fútbol ofensivo. Empero, el sagaz estratega siempre supo que una defensa de hierro asegura campeonatos. De público y notorio, sus antecedentes son la mejor carta de presentación: campeón argentino con Newell’s y Vélez; Oro Olímpico con la Selección en Atenas; "monarca" vitalicio en la Roja de Chile; orgullosa bandera del Athletic en Bilbao… Es que Bielsa siembra el verde césped de mesura y ejemplo. Y cosecha -¡cada domingo!- los apetecidos frutos de la soberana admiración. El anecdotario "bielsano" es tan rico como las sentencias del personaje. A modo de resumen, rescato dos perlas de colección. Primera anécdota. Arribado al banco de Vélez, Bielsa no congeniaba con José Luis Chilavert. A tal punto que ni se dirigían la palabra. ¿Paranoico?, el entrenador intuía que el arquero conspiraba en su contra. Ni siquiera los dirigentes velezanos podían apaciguar la devastadora tormenta interna. Hasta que un vuelo a Jujuy unió sus irreconciliables caminos. Aquel día, las brutales turbulencias del avión parecían convocar a los demonios del adiós. Al borde de la desesperación, Bielsa se sentó al lado del célebre portero y soltó una frase antológica: "¿Chilavert, usted es feliz?". A partir de allí, la relación dio un vuelco rotundo. ¡Y Vélez fue campeón! Segunda anécdota. Previa de un Newell´s-Central. Ansioso, Bielsa le pregunta con insistencia a Fernando Gamboa: "¿Qué daría usted por ganar el Cásico?". A lo que el futbolista responde: "Todo, absolutamente todo. Soy capaz de trabar con la cabeza". Insatisfecho con la respuesta, Bielsa le retruca: "¡Más, hay que dar más!". Sorprendido, Gamboa lo desafía: "¿Algo más. Le parece poco jugarme la cabeza?". Sin inmutarse, Bielsa retruca: "¡Si me aseguran ganar, me dejo cortar un dedo!".

El tópico define a Marcelo Bielsa como un "loco". Sentencia enajenante al margen, el apodo trascendió fronteras. Y se universalizó en el cotidiano folclore de los feligreses del balón. Ahora bien, ¿la presunta locura no esconde la innata virtud de la sensatez? ¿Acaso Bielsa no devuelve deliciosas paredes reflexivas en cada comparecencia pública? ¿Cómo es posible que el desequilibrio amerite profundidad conceptual y plausible debate analítico?

A la hora del juicio oral, alego en disidencia ante el honorable Tribunal del Fútbol. Y me pronuncio en contra de la tesis de la vesania. Anuencia mediante del mirífico jurisconsulto Rafael Bielsa, modelo el encendido discurso de la defensa y me sostengo en el argumento absolutorio: ¿Marcelo "Loco" Bielsa? No ha lugar, Su Señoría. ¡Bielsa es… el rey de la cordura! Será justicia.

 

Sergio A. González Bueno

           
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