Último tango en el Monumental

Consumado el previsible descenso del glorioso River Plate a la B Nacional, el arrabal de la amargura colectiva decoró la desolada escenografía del Monumental. Desbordados por la diabólica partitura del desconsuelo, los genuinos hinchas del Millo asistieron incrédulos al funeral futbolero que sepultó ciento diez años de opulenta estadía en Primera. Atrás quedó la devastadora gestión presidencialista de José María Aguilar y sus secuaces, quienes vaciaron las arcas de River y subastaron al mejor postor hasta su identidad.

Y, en menor medida, el autoritarismo de Daniel Passarella, cuyo personalismo conductivo aisló al club y lo dejó a merced de los vengativos buitres del entorno político. O de la calle Viamonte, que es lo mismo. Párrafo aparte para su sentencia de tiempo cumplido al calificar el mandato de Julio Humberto Grondona. La dolida feligresía de la Banda Roja criticó la falta de oportunismo de Passarella. No obstante, el sanguíneo gesto fue sincero y valiente. Los principios no obedecen a conveniencia alguna. Caso contrario, se convierten en posturas acomodaticias que cotizan a la baja en los mercados bursátiles de la hipocresía. Salvo para un tal José María Aguilar, premiado por Grondona con el codiciado “billete” de un sempiterno cargo en la FIFA. Es que en la Cosa Nostra la fidelidad tiene recompensa…
A River le toca reconstruirse rápidamente; elegido Matías Almeyda para comandar el operativo retorno, es tiempo de aperturas y de ausencia de egos. El torneo de la B Nacional es largo y dificultoso en extremo. Por lo que el Millonario tendrá que adecuarse a la categoría y a un presupuesto inferior. El desafío pasa por volver “ayer” a la elite del fútbol argentino. De todos modos, River tiene que saldar innumerables cuentas pendientes. Passarella declaró que el campeonato económico lo ganaron por goleada. Sin embargo, los atrasos en el pago de las primas de los futbolistas contradicen al presidente. Además, la sombra de la convocatoria de acreedores sobrevuela por Figueroa Alcorta y Udaondo. A más de un año y medio de haber asumido, ¿por qué Passarella no dio a conocer ¡todavía! los resultados de la auditoría de la gestión Aguilar? No será, como aseguran algunos exdirigentes desde el llano, que la dilación es una estrategia para proteger a un grupo de colaboradores cercanos al otrora gran capitán. Y, aún pateando el tablero de la transparencia, la tardía respuesta y "conveniente" denuncia a José María Aguilar le quitará seriedad a una promesa proselitista no a la administración fraudulenta. Dentro de ese preocupante contexto, habrá que rearmar el equipo y recuperarlo del duro golpe anímico que significó perder la categoría. Y, para seguridad de los empleados y socios del club, combatir a los violentos sin temor. Es verdad que Passarella siempre lo hizo. Sólo que esta vez tendrá que redoblar esfuerzos. Los actos vandálicos post descenso no pueden volver a ocurrir. Tanto como las amenazas -en connivencia con un oscuro dirigente oficialista- proferidas por la barra brava al árbitro Sergio Pezotta y sus asistentes. Hecho que podría acarrearle al club gravísimas sanciones deportivas y económicas. Sobre todo si a la hora del fallo interviene el supremo magistrado del Poncho, más conocido como Julio Humberto Grondona. Él mismo a quien todos llaman el hombre del Todo Pasa, ancestral admirador de Bernardo Bertolucci. Lo que explica su extremo goce dominguero luego de ver el Último Tango… de Primera en el Monumental.


Sergio A. González Bueno     

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