¡El Abanderado Messi es argentino!

La recordada y funesta Guerra de la Triple Alianza (1864/1870) ungió al adolescente soldado-voluntario Cleto Mariano Grandoli como auténtico héroe nacional. El efebo y guapo subteniente rosarino -¡pocos meses luego de festejar sus 17 abriles!-, en un acto de inconsciencia y extremo patriotismo, ofrendó su vida en el hostil campo de batalla de Curupayty. Entonces, tras ser asesinado en combate por el inclemente ejército paraguayo, su cuerpo quedó envuelto en el escudo de un ensangrentado confalón argentino. Tamaña bravura bélica en territorio guaraní apuró el mote que identificaría para la posteridad al aguerrido miliciano: el Abanderado Grandoli.

Homenajeando la bravura del célebre y precoz caudillo, un grupo de nostálgicos paisanos amantes del cuero fundó el Centro de Educación Física Nº 8 Abanderado Mariano Grandoli, santuario que cobijó las primeras definiciones a los ángulos del peregrino del gol: Lionel Messi. Nacido en el Hospital Italiano Garibaldi de Rosario un 24 de junio de 1987, el anarquista de la gambeta rápidamente impuso la doctrina de la libertad creativa y la abolición del resultado a cualquier precio. Aparicio, entrenador de las categorías infantiles del Grandoli, doblegado por la insistencia de la abuela materna Celia, aceptó el messiano convite de laprueba cardinal. Entonces, conmovido por la lírica poesía del mancebo pincel zurdo de La Pulga, el competente educador se doctoró -¡sin imaginarlo!- con el título de Primer Formador del (futuro) Balón de Oro y FIFA World Player. Acto seguido, empujado por el desparpajo de los distintos y por una suntuosa colección de impresionistas retratos de amagues y túneles, Messi fijó residencia futbolera en dominios leprosos, fichando en las inferiores Newell´s Old Boys, el coloso del Parque… ¡Marcelo Alberto Bielsa!

Arribado al Complejo Malvinas Argentinas (centro de formación de las categorías infantiles rojinegras) el 21 de marzo de 1994, Messi deleitó a propios y extraños con más de ¡500 juveniles y épicos goles durante seis imborrables campañas! Los nostálgicos seguidores de las inferiores de Newell´s todavía recuerdan el estético andar de la célebre Máquina categoría 1987, irrepetible equipo que recorrió exitosamente las codiciadas vías del campeón gracias a la pericia del chofer de la excelencia, reconocido en el Polideportivo Bella Vista simplemente como Lionel Andrés Messi. Frenando aquel esplendoroso presente, el destino le jugó una baraja marcada por la fatalidad al introvertido y diminuto artista del esférico. Alterada su salud por un incomprensible freno en su desarrollo físico (a sus nueve años, Leo medía sólo ciento veintisiete centímetros), en pleno verano de 1997 sobrevino una urgente consulta con el reputado endocrinólogo rosarino Diego Schwarsztein, especialista en la materia. Los ingentes estudios ordenados por el galeno resultaron concluyentes: Messi padecía un déficit en la hormona del crecimiento. El impactante diagnóstico alteró el guión familiar de la serenidad por el de la pesadumbre; preocupados por la evolución sanitaria del tercer heredero de la dinastía, Jorge Messi y Celia Cuccittini se vieron obligados a afrontar un oneroso tratamiento para detener aquel inusual y atípico trastorno de origen glandular.

Consternados, los progenitores presagiaron el peor de los escenarios para el prodigioso niño-futbolista; la impiadosa e inesperada afección ponía en serio riesgo el "sueño del pibe", afín a debutar en la Primera de su amado Newell´s. Imposibilitados de costear las diarias y dolarizadas inyecciones subcutáneas por tiempo indefinido -la estimación médica inicial apuntaba a un período de entre 5 y 6 años-, sólo el auxilio de la obra social de Jorge, personal dependiente de la firma Acindar, alivió temporalmente la delicada economía hogareña.


Angustiados por las secuelas de la rebelde patología y por la negativa leprosa de solventar los prohibitivos gastos, los Messi -luego de un infructuoso coqueteo con la dirigencia de River Plate- viajaron a España. Instalados en la geografía de Cataluña en el otoño del 2000, el FC Barcelona apareció en el horizonte del menudo y talentoso jugador. Así, los visionarios dirigentes de la Ciudad Condal, recomendación mediante de un impresionado Carles Rexach (entrenador del primer equipo culé por aquellas horas), invirtieron euros y muchas ilusiones en la recuperación a largo plazo de La Pulga. Entonces, la prestigiosa cantera del Barça -¡honor a la gran Masía!- cobijó a Messi, educándolo en la cultura del toque y la circulación fluida del balón. Audazmente, desafiando minoritarias opiniones desalentadoras y a los escépticos de turno, la Junta del “más que un club” apostó por el ser humano; nueve años después, el FC Barcelona cuenta en su lujoso plantel profesional con el futbolista Nº 1 del planeta.
La catarata de éxitos de Lionel Messi en Can Barça recorre el redondo universo a velocidad crucero; los seis magníficos e irrepetibles títulos del 2009, el Balón de Oro y el FIFA World Player instalaron al "10" en el selecto Olimpo de los Elegidos. Tan inmensa resultó su gesta que en la aplastante y duplicada coronación mediática humilló al mismísimo rey del marketing, rebautizado en Madrid como CR9. Igualmente, en junio de 2010 La Pulga afrontará un desafío Mayor: saldar su deuda interna con la camiseta celeste y blanca. Tranquilizando a la impaciente muchachada de los tablones domingueros desde las divinas alturas del paraíso balompédico, la abuela Celia profetiza su emotiva corazonada. ¡Sudáfrica será testigo de la reconciliación entre Messi y la Selección! Indignada por los ataques hacia su adorado nieto, esgrime una defensa digna del mejor Mauricio Pochettino: ¿cómo pueden dudar del amor de Leo por los colores de su país? Enardecida por tanta maldad, cierra su discurso con una sentencia inapelable. ¡Acaso no saben que el Abanderado Messi es argentino!

Sergio A. González Bueno

           
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