San Palermo, Don Julio I de Sarandí… y ¡Maradona!

         El pitazo final del impresentable árbitro paraguayo Carlos Amarilla desató el generalizado descontrol del cuerpo técnico y los jugadores de la Selección. De manera grotesca e irracional, consumada la "hazaña mundialista", los destinatarios de los agravios tuvieron nombre y apellido: ¡la prensa antiargentina! ¿Qué hacía Bilardo camuflado y dando instrucciones desde el túnel? La penosa clasificación in extremis a Sudáfrica 2010 (de 10 participantes sudamericanos, cuatro entraban en forma directa y el quinto tenía el premio de un repechaje contra probables "potencias" como ¡Costa Rica u Honduras!), lejos de bajar los decibeles de los futbolistas-hinchas, acrecentó el encono de los gladiadores azules hacia el diabólico Cuarto Poder, ideario gestado por el inolvidable escritor, político y orador anglo irlandés Edmund Burke. Sólo la lucidez de Juan Sebastián Verón -líder espiritual y futbolístico del inestable once de Maradona- escapó a la mediocridad del lamentable episodio.

El cerebral futbolista platense, apartado de los festejos agresivos por decisión propia, tuvo la valentía de cuestionar públicamente las miserias del modelo Grondona-Maradona. Esperemos que tamaña sublevación no le cueste el absurdo de mirar el Mundial de Sudáfrica por TV. ¡Aunque Pekerman estaría encantado!
Aquel 14 de octubre de 2009 quedó grabado a fuego en la patria del mate y el dulce de leche. Lamentablemente, no por el parto que significó validar la presencia albiceleste en el país del mítico Mandela.

Asegurado el boleto mundialista en el Centenario, Maradona invitó -¡en el marco de la conferencia de prensa post partido!- a sus enemigos y/o críticos a practicarle sexo oral. La grosería recorrió el mundo, aguzando el ingenio de los traductores, no habituados a transitar por los caminos de la ordinariez idiomática. Pero hubo algo mucho más grave: apagado los calores del triunfo montevideano, Diego no mostró síntomas de arrepentimiento. Ni tampoco pidió públicas disculpas. ¿Y Grondona? El Emperador Argentino de la Pelota, más conocido como Don Julio I de Sarandí, fiel a sus particulares códigos ¿políticos o económicos?, respaldó al desbocado entrenador. Entre tanto, la FIFA (entidad de la cual el hombre G es vicepresidente primero y tesorero) anunció el alta de un expediente disciplinario contra Diego. ¿Alguien imagina una sanción ejemplar contra el Diez siendo Grondona el segundo de Blatter? Siglo XXI cambalache…
Cuatro días antes de las jornadas maradonianas sobre mala educación, Martín Palermo lució ostentoso la sotana del Salvador en el templo de un hereje Monumental. Atormentados por los "10" mandamientos del ridículo de la Selección ante Perú (sobre todo, en el segundo tiempo), los feligreses del cuero asistían incrédulos a la más que probable eliminación argentina del Mundial 2010. Luego de dos dolorosas derrotas contra Brasil y Paraguay, el incomprensible empate en casa contra el peor equipo de la tabla presagiaba un escándalo mayúsculo.

Entonces, en medio del unánime desconsuelo y espantando los demonios de un diluvio torrencial vestido con los colores de Uruguay y Ecuador, emergió la figura del cardenal de los goles imposibles. Insúa tomó un rebote en dominio incaico y lanzó un desolado centro a ras del piso. Gambeteando innumerables pies terrenales, la angelical pelota buscó el botín zurdo de San Palermo (¿cómo no iba a estar en posición adelantada si bajó desde el cielo?). Acto seguido, la bola besó la red y el milagroso triunfo se hizo realidad. ¡Argentina 2- Perú 1! Es palabra de Martín. Te alabamos Titán.

La clasificación a Sudáfrica no puede esconder los horrores del paupérrimo ciclo iniciado por  Basile y continuado por Maradona. ¡Pero la culpa de tanto dislate no es sólo de ellos! Los futbolistas están en deuda con la gente y con la camiseta. Y el caso más emblemático -aunque no el único- es el de Lionel Messi, el as de espadas del fútbol argentino. ¿Por qué misteriosa razón La Pulga camina apáticamente la cancha sin participar en el circuito de juego del equipo? ¿Cuándo veremos explotar al "10" del Diez en la Selección? Es hora de replanteos y de humildad. Se acabó el tiempo de la soberbia y de la incoherencia. Quien no lo entienda así, deberá dar un paso al costado. Independientemente de cambios en el cuerpo técnico (se habla de incorporar a Mohamed como ayudante top y de "congelar" a Bilardo con tareas logísticas), la sensatez y el trabajo deberán aparecer por el predio de Ezeiza. Basta de no querer madrugar o de citar jugadores a diestra y siniestra. Llegó el momento de darle una identidad definida al equipo. Nadie quiere ser testigo de un papelón de la Selección en Sudáfrica. Todavía estamos a tiempo para rever tanto desaguisado. La esperanza es lo último que se pierde. Lástima que dependamos de un tal Julio Grondona… y del ¡Maradona DT!

 

Sergio A. González Bueno

           
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