La presión mediática sobre Messi

Lionel Messi es la joya canterana, es presente y futuro culé, es el chaval mimado de la afición.
Pero sólo tiene 18 años. Y cuando afirma que "se precipitó en su regreso" concluimos que Messi -en un gesto que lo enaltece- quiere deslindar las responsabilidades que le competen al servicio sanitario. ¿O acaso el Barca no tiene un cuerpo médico que autoriza las altas y diagnostica las bajas? El jugador asume su culpa pero no es el único que se equivocó. No hay que pecar de ingenuos.

Tanto el entorno catalán como la prensa deportiva presionan a Leo y lo proyectan como el nuevo símbolo futbolístico del club. Lo comparan con Maradona, pronostican que será el mejor jugador del planeta -post Dinho- y le exigen que siga quemando etapas a velocidad meteórica cuando aún no entró en la madurez ni humana ni deportiva. Todo un error.

La sociedad consumista necesita crear héroes contemporáneos mediáticos que se identifiquen con la afición, que la representen y la llenen de orgullo. Los usa y los descarta conforme el veredicto de la opinión pública. No importa lo que siente el protagonista, sus necesidades, sus tiempos. Todo se deshumaniza. Todo vale a nombre del negocio y del marketing. Por ello el Barca debe estar alerta, no puede contemplar pasivamente tal situación. Su función primaria será la de proteger a Messi. El chaval tiene que seguir creciendo a paso firme. No hay que asfixiarlo.

Frank Rijkaard, sabio maestro en manejar grupos humanos, lo sabe. Por ello cuida a Leo como a un hijo. Planificó su ingreso a la plantilla principal dosificando sus participaciones. Lo ayudó - junto él sus colaboradores- a desplegar su enorme talento sin presiones extras que lo desestabilicen emocionalmente. No cargó sobre sus hombros la pesada mochila de ser el salvador del equipo. Honor al estratega holandés. Cuidemos a Messi, así cuidamos al fútbol.


Sergio A. González Bueno
18/04/2006

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